Una emergencia en plena madrugada dejó imágenes de devastación en el oriente de Cali. Un voraz incendio estructural consumió más de 40 viviendas en el barrio Los Lagos, en el distrito de Aguablanca, dejando al menos cuatro personas heridas y más de 180 damnificados, en uno de los siniestros más graves recientes en la ciudad.
El fuego se desató hacia las 2:30 a. m. en el asentamiento conocido como Nueva Esperanza, una zona de desarrollo incompleto caracterizada por construcciones precarias, en su mayoría hechas con madera y materiales altamente inflamables. En cuestión de minutos, las llamas se expandieron sin control, obligando a decenas de familias a huir con lo poco que pudieron rescatar.
La respuesta de los organismos de emergencia fue inmediata. El Cuerpo de Bomberos de Cali desplegó al menos cuatro máquinas extintoras, tres carrotanques, ambulancias y un equipo de más de 20 unidades para contener el incendio, que finalmente fue controlado cerca de las 3:35 a. m., aunque durante varias horas continuaron las labores para evitar que se reactivaran focos de calor.
El balance preliminar es contundente: al menos 41 viviendas completamente destruidas, cuatro personas lesionadas ya atendidas en centros médicos y más de 180 afectados que quedaron sin hogar de un momento a otro.
Las autoridades locales, encabezadas por la Alcaldía de Cali, activaron de inmediato protocolos de atención humanitaria para asistir a las familias damnificadas con albergue temporal, alimentos y ayudas básicas. Sin embargo, el impacto social va más allá de la emergencia inmediata. El alcalde Alejandro Eder advirtió que este tipo de tragedias evidencian una problemática estructural: el déficit de vivienda digna y la proliferación de asentamientos informales en zonas de alto riesgo.
“El sector está construido con materiales muy combustibles y es una situación urgente”, señaló el mandatario, recordando que en esa misma zona ya se habían registrado incendios similares en el pasado, lo que refuerza la vulnerabilidad de estas comunidades.
Por ahora, las causas del incendio siguen siendo materia de investigación. No se descarta ninguna hipótesis, mientras las autoridades continúan inspeccionando el área para determinar el origen exacto de la conflagración.
Más allá de las cifras, lo ocurrido en Cali deja una escena que se repite en varias ciudades del país: familias que lo pierden todo en cuestión de minutos, en contextos donde la informalidad urbana y la falta de infraestructura adecuada aumentan el riesgo.
La emergencia ya está controlada, pero las consecuencias apenas comienzan. Y lo ocurrido abre nuevamente una discusión necesaria sobre prevención, vivienda y atención a las poblaciones más vulnerables.

