Escándalo en Caracol: denuncias de acoso sexual desatan un “MeToo” en el periodismo colombiano

Una frase bastó para encender una crisis sin precedentes en los medios colombianos: “me manoseó”. Con ese testimonio, varias periodistas comenzaron a romper el silencio y destaparon un escándalo de presunto acoso sexual que hoy golpea a uno de los canales más influyentes del país, Caracol Televisión, y que ya trasciende lo individual para convertirse en un movimiento colectivo.

Las denuncias apuntan a dos reconocidos presentadores del canal, cuyos nombres no han sido confirmados oficialmente, pero que han sido señalados en redes sociales y testimonios públicos. Todo comenzó con la activación de protocolos internos por parte del medio, tras recibir quejas formales de trabajadoras. A partir de ahí, se abrió una avalancha de relatos que evidencian patrones de abuso, poder jerárquico y silencio prolongado dentro de las redacciones.

El impacto ha sido inmediato. Bajo etiquetas como #MeTooColombia y #YoTeCreoColega, decenas de periodistas muchas de ellas jóvenes o en etapa de formación han compartido experiencias similares, señalando que el acoso no era un hecho aislado, sino una práctica que durante años fue normalizada o minimizada.

Entre los testimonios más contundentes está el de la periodista deportiva Lina Tobón, quien relató episodios de contacto físico no consentido por parte de un superior durante su trabajo, así como insinuaciones reiteradas que terminaron afectando su permanencia laboral.

Otros relatos van en la misma línea. Una experiodista afirmó que fue víctima de tocamientos indebidos que la llevaron a renunciar, mientras que otra comunicadora recordó cómo tuvo que apartar físicamente a un colega que intentó besarla en repetidas ocasiones. Estos testimonios, aunque diversos en contexto, coinciden en un mismo patrón: abuso de poder en entornos laborales donde denunciar implicaba arriesgar la carrera.

Frente a la magnitud del escándalo, el director de Noticias Caracol, Juan Roberto Vargas, reconoció públicamente la gravedad de los hechos y aseguró que el canal actuará con rigor. “Tomaremos las decisiones que haya que tomar”, afirmó, calificando la situación como “dolorosa” y comprometiéndose a acompañar a las víctimas.

Sin embargo, el debate ya superó a la empresa. Organizaciones como ONU Mujeres y colectivos feministas han respaldado a las denunciantes, mientras que entidades como el Ministerio del Trabajo y la Defensoría del Pueblo anunciaron seguimiento a los casos.

El trasfondo es más profundo: el periodismo colombiano enfrenta una revisión interna sobre sus dinámicas de poder. Durante años, muchas de estas conductas habrían permanecido ocultas por miedo, dependencia laboral o falta de canales efectivos de denuncia. Hoy, ese silencio parece haberse roto.

Más allá de los nombres o las posibles sanciones, el caso plantea una pregunta incómoda para toda la industria: ¿Cuántas historias quedaron sin contarse? La conversación apenas comienza, y su impacto podría transformar la cultura de los medios en Colombia.

Porque esta vez no se trata solo de un escándalo, sino de un punto de inflexión.