Misterio en Suba: asesinan a pareja de abuelos y todo apunta a un crimen pasional

La escena no encaja. Y eso es lo que más inquieta.

Una casa en aparente desorden, habitaciones revueltas, objetos por el suelo… pero el dinero, los celulares y los objetos de valor siguen intactos. No hay señales claras de robo. No hay una puerta forzada. Solo silencio. Y dos cuerpos sin vida dentro de su propio hogar.

Así comenzó a reconstruirse uno de los crímenes más perturbadores recientes en Bogotá.

En el barrio Aures, en la localidad de Suba, fueron encontrados sin vida Guillermo Alberto Anzola (72 años) y Gloria Isabel Guerrero (66 años), una pareja que llevaba más de tres décadas viviendo en ese mismo lugar, reconocidos por sus vecinos como personas tranquilas, de rutina sencilla.

El hallazgo no fue casual. Fue un familiar quien, al revisar cámaras de seguridad instaladas dentro de la vivienda, detectó algo extraño: movimientos inusuales y la presencia de un hombre que intentaba ocultar su rostro con una prenda. Esa imagen encendió las alarmas.

Cuando la familia llegó, la escena era devastadora.
“Vi a mi papá en el piso… todo estaba revolcado”, relató la hija de las víctimas.

El cuerpo de Guillermo fue encontrado cerca de su bastón, en una de las habitaciones. Gloria, en cambio, estaba envuelta en una cobija, escondida debajo de una cama en otro cuarto. Ambos presentaban múltiples heridas con arma blanca.

Y ahí aparece el primer giro de esta historia: no fue un robo.

Las autoridades lo han dicho con claridad. El general Giovanni Cristancho, comandante de la Policía Metropolitana, afirmó que los elementos hallados en la vivienda permiten descartar el hurto como móvil.
“Podemos determinar que es un tema pasional”, señaló.

Entonces, la pregunta cambia por completo:
Si no fue un robo… ¿quién tenía acceso a la casa?
¿Quién conocía sus rutinas?

Y la respuesta comienza a tomar forma en una línea de investigación inquietante: el entorno más cercano.

Según los primeros indicios, el presunto responsable podría ser alguien del círculo familiar o cercano a las víctimas.

La propia familia ha revelado detalles que ahora son clave. En la vivienda no solo vivían los adultos mayores. También residía una nieta menor de edad y un exyerno que alquilaba una habitación desde meses atrás.

Además, hay antecedentes que hoy cobran relevancia: la hija de la pareja había denunciado a su expareja por violencia intrafamiliar en el pasado.

¿Coincidencia? ¿Contexto clave?
Eso es precisamente lo que ahora intenta esclarecer la Fiscalía.

Las cámaras de seguridad, los testimonios y los objetos abandonados por el sospechoso como una gorra y un pasamontañas se han convertido en piezas fundamentales de la investigación.

Pero más allá de los datos, hay algo que no se puede ignorar: este crimen no solo habla de violencia, habla de confianza rota. De un espacio íntimo que dejó de ser seguro.

Porque mientras las autoridades avanzan en identificar y capturar al responsable, la familia espera justicia… y una respuesta que explique lo inexplicable.

Este no es solo un caso judicial. Es un reflejo de una realidad que incomoda.