En este punto de la historia, todos conocemos a María Corina Machado, candidata política de oposición en Venezuela y ganadora del premio Nobel de la Paz el pasado diciembre.
Recientemente, Machado se había dedicado a ser también una seguidora de Trump, celebrando sus movimientos y opiniones, replicando sus discursos e incluso dedicándole su Nobel. No es claro si esto lo hacía con la intención de que el mandatario también «tuviera su espalda» o si puramente empezó a compartir más de sus visiones hace poco.
De cualquier modo, ya se confirmó que si sus intenciones eran recibir apoyo del presidente estadounidense, es un caso perdido, pues con afirmaciones como «sería muy difícil para ella liderar» y «no tiene ni el apoyo ni el respeto del país«, Trump dejó claro que no tiene ninguna intención de respaldar su candidatura o su campaña.
Todo esto se reduce a que el mandatario sigue «herido» porque fue Machado quien recibió el Nobel y no él, quien se autonombra el «presidente de la paz» y afirma que su intervención en conflictos como la guerra entre Ucrania y Rusia y el genocidio en Gaza ha sido «de vital ayuda», a pesar de que la guerra en Europa sigue sin mejoría evidente, e Israel (que es mayoritariamente financiado por el mismo gobierno Trump) sigue masacrando civiles diariamente en la franja de Gaza, aun en medio de un cese al fuego (el cual violaron desde el primer día).
Fuentes internas de la Casa Blanca han afirmado directamente que «de haber rechazado el premio, de haber dicho ‘no puedo aceptarlo porque lo merece Donald Trump’, ella sería presidenta hoy«, lo cual deja bastante que pensar con respecto a cómo gobierna el presidente estadounidense.
Machado, sin embargo, sigue agradeciendo la intervención que se realizó y resaltando los «logros» del presidente estadounidense.
El futuro político de Venezuela es todavía una incógnita, pues aunque el gobierno Trump la reconoce la decisión del tribunal de declarar como presidenta encargada a la vicepresidenta Delcy Rodríguez, están bajo la amenaza constante de que, de no seguir las órdenes estrictas de este, podrían sufrir un nuevo ataque. Básicamente, de no ser un «títere» para el gobierno Trump, Rodríguez correría la misma suerte que su predecesor.

