
El pasado 3 de julio, Laura Sarabia anunció oficialmente su renuncia como ministra de Relaciones Exteriores. Aunque su decisión tomó por sorpresa a algunos sectores, venía gestándose desde hacía semanas, en medio de diferencias marcadas sobre el proceso para asegurar la producción de pasaportes en el país.
Sarabia, posesionada en enero de 2025, duró apenas cinco meses en el cargo.
El punto de quiebre fue el manejo del contrato para imprimir pasaportes, que tradicionalmente estaba en manos de la empresa Thomas Greg & Sons. Mientras Sarabia abogaba por extender temporalmente este contrato para evitar un posible desabastecimiento, el jefe de despacho presidencial, Alfredo Saade, impulsaba una propuesta distinta: tercerizar el proceso con la Casa de la Moneda de Portugal.
Sarabia denunció que Saade se tomó decisiones unilaterales, retrasó procesos y sembró el caos institucional, a pesar de no tener funciones directas sobre la Cancillería.
La renuncia expuso una nueva fractura dentro del círculo cercano de Petro. Laura Sarabia fue una de las funcionarias de mayor confianza del mandatario: lo acompañó como jefa de despacho, directora del DAPRE y del Departamento de Prosperidad Social. Su rápida ascensión, sin embargo, generó tensiones internas, especialmente tras el escándalo del polígrafo en 2023.
En esta ocasión, la salida no se dio por presión externa, sino por una diferencia frontal dentro del gabinete. Sarabia aseguró que no podía seguir siendo parte de decisiones con las q
