
El pasado 13 de junio, Israel lanzó la Operación Rising Lion, una ofensiva que incluyó bombardeos aéreos, ataques con drones y sabotajes encubiertos dirigidos a instalaciones nucleares iraníes, centros de investigación y bases militares. Las ciudades de Teherán, Natanz y Esfahan fueron los principales blancos.
El ataque dejó decenas de militares iraníes y científicos nucleares muertos, además de afectar infraestructura clave para el desarrollo nuclear de Irán. Fuentes cercanas al gobierno israelí confirmaron que el Mossad desempeñó un papel central, utilizando drones encubiertos para neutralizar lanzadores antes de los bombardeos a gran escala.
En cuestión de horas, Irán reaccionó con la Operación True Promise III, una contraofensiva masiva que incluyó el lanzamiento de más de 150 misiles balísticos y numerosos drones suicidas contra ciudades israelíes como Tel Aviv, Haifa y Jerusalén.
Los ataques dejaron al menos ochenta víctimas israelíes entre muertos y heridos, y causaron daños graves en infraestructura civil y en la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv. La ofensiva también generó alarma en la población israelí, que tuvo que buscar refugio ante la activación de las sirenas antiaéreas.
El recrudecimiento del conflicto ha generado una fuerte sacudida en los mercados internacionales. Los precios del petróleo se dispararon debido al temor por el bloqueo de rutas estratégicas y la posible extensión del conflicto a otros países de la región.
En el plano humanitario, los ataques cruzados han dejado más de 224 muertos en Irán y 21 civiles fallecidos en Israel, según cifras preliminares.
La postura de Estados Unidos
Aunque Estados Unidos no ha participado directamente en los ataques, su gobierno ha brindado apoyo estratégico a Israel mediante inteligencia y sistemas de defensa antimisiles como el Patriot y el THAAD.
El presidente Donald Trump (en su segundo mandato) pidió la evacuación inmediata de ciudadanos estadounidenses en Teherán y afirmó que no permitirá que Irán obtenga armas nucleares. Aunque insiste en que su prioridad es evitar una guerra, Trump no ha descartado una intervención militar directa si la situación escala.
El Pentágono ha desplegado tropas adicionales, aviones cisterna, y ha posicionado el portaaviones USS Nimitz en el Golfo Pérsico como medida de precaución.
Desde el Congreso estadounidense, el debate es intenso. Algunos legisladores republicanos exigen que Estados Unidos respalde militarmente a Israel, mientras que otros insisten en que cualquier participación debe ser autorizada formalmente por el Congreso para evitar una entrada no controlada en una nueva guerra.
Irán suspendió las negociaciones nucleares que estaban programadas en Omán y anunció que no volverá a sentarse en la mesa de diálogo mientras continúen los ataques israelíes. Además, advirtió a Estados Unidos, Reino Unido y Francia que cualquier acción militar directa será considerada una declaración de guerra.
Por su parte, la Unión Europea y el G7 han solicitado con urgencia un cese al fuego inmediato y China ha ofrecido mediar para evitar una expansión regional del conflicto.
