El oso de anteojos Tamá, nombrado así por el lugar en el que comenzó su historia, falleció el pasado miércoles 17 de diciembre, dejando con él un sentimiento de pena, pues estaba más cerca que nunca de recuperar su libertad.
La historia de este bello ejemplar comienza 11 años atrás, en el 2014, cuando, siendo un osezno de tan solo 4 meses de edad, fue rescatado en el PNN (Parque Nacional Natural) Tamá, lo que le daría su nombre, al quedar huérfano, su madre falleciendo víctima de cazadores ilegales.
Después de una breve rehabilitación, fue pasado a CORPONOR (Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental), quien determinó que, aunque sí contaba con habilidades para defenderse en la naturaleza, no eran las suficientes para sobrevivir, especialmente siendo tan joven; fue entonces transferido a un centro de rehabilitación de alta montaña en Guasca, Cundinamarca, y posteriormente pasaría a custodia de la Fundación Jaime Duque en el bioparque/zoológico Wakatá.
Y es aquí donde Tamá pasaría a la fama, pues en 2022 logró escaparse de este zoológico tras romper parte del cercado donde permanecía. De ahí el oso pasaría los siguientes 15 días en el Cerro Tibitó evadiendo trampas y cámaras, durmiendo en refugios improvisados, trepando en árboles y comiendo frutos silvestres; este sería el primer paso hacia la liberación, pues le hizo entender a los encargados de su cuidado que no solo ya no estaba contento con el lugar en el que estaba, sino que sus habilidades de supervivencia eran las suficientes para poder volver libre a la naturaleza. Se decidió que Tamá sería liberado en su lugar de origen.
El oso pasó los siguientes tres años de vuelta en el santuario de Guasca, a lo que a su vez todas las entes encargadas (el Santuario del Oso de Anteojos, la Fundación Wii, la CAR Cundinamarca, Corpoguavio, Corponor e incluso Inparques Venezuela) se dedicaron a la meticulosa investigación y preparación para que el ejemplar pudiese volver a la libertad, pues no se trataba de un cambio sencillo; debía tenerse en cuenta cada detalle para que el desplazamiento se realizara de manera exitosa.
Es así como en la mañana del 16 de diciembre Tamá fue alistado para su traslado, todos los chequeos y prevenciones de salud realizados, y en una aeronave de la empresa «Helistar», una Airbus EC145, se realizó el desplazamiento hasta el Parque Jaime Duque y de ahí a Cúcuta. La última parte del trayecto iba a ser cubierta por un helicóptero y cubriría 50 millas náuticas hasta el PNN en el que todo había iniciado 11 años atrás. Tamá sería finalmente libre.
Desafortunadamente, el trayecto fue interrumpido por condiciones ambientales adversas que obligaron al equipo a regresar a Cúcuta y fue en ese tiempo cuando Tamá, que hasta el momento se había encontrado estable, empezó a presentar una falla respiratoria.
Todo el equipo actuó inmediatamente para intentar estabilizarlo, realizando maniobras de atención e incluso reanimación, pero no fueron suficientes. A menos de 50 millas de una vida en libertad, Tamá falleció.
El gerente de la Fundación Parque Jaime Duque, Rafael Torres, dijo en su declaración: «Fue un episodio agudo que no suele suceder ni en animales ni en humanos en un periodo tan corto, pero que desafortunadamente sucedió. No podemos en este momento aventurarnos a dar una causa definitiva, porque para ello se requiere hacer una necropsia de Tamá. Asumimos que tuvo un edema pulmonar o algún evento súbito que no pudo revertirse a pesar de las maniobras de resucitación que adelantaron nuestros profesionales”.
Es importante recordar que los osos de anteojos son una especie protegida, pues no solo son la única especie endémica de Sudamérica, sino que su población se encuentra únicamente alrededor de los 10,000 individuos, es decir, que es una especie altamente vulnerable; es por esto que son tan importantes los esfuerzos por su conservación.
Colombia lamenta la pérdida de este querido ejemplar, que se lleva con él el amor y admiración de un país.
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